jueves, 15 de mayo de 2014

Respuesta pos-vacunal y persistencia de anticuerpos contra el virus de la hepatitis B en niños asmáticos y no asmáticos vacunados con eberbiovac-HB

La hepatitis viral B constituye un problema mundial de salud; en el mundo existen más de 300 000 000 de portadores crónicos del virus que la produce, el virus de la hepatitis B (VHB) que es el responsable a su vez, de más de 80 % de los casos de cáncer primario del hígado, y resulta uno de los escasos virus cuya relación con la aparición del cáncer en el hombre está demostrada.
La característica epidemiológica más importante de la enfermedad, que afecta su endemicidad y debe ser reconocida a la hora de desarrollar estrategias de prevención, es en primer lugar, el carácter asintomático de muchos de los infectados por el virus, así como la edad en la que se produce la infección, que a su vez se relaciona primariamente con la vía de trasmisión del virus. La probabilidad de desarrollar las formas crónicas de la enfermedad es muy alta (70-90 %) si la infección se produce en edades tempranas de la vida, lo que a su vez incrementa la mortalidad.3 Es así que los esfuerzos para prevenir la hepatitis B deben estar dirigidos en gran medida a la población mundial más joven.
La herramienta más simple e importante para prevenir y controlar esta enfermedad es la vacuna contra su agente etiológico. Su uso en cantidades suficientes y con estrategias apropiadas, permitirá a corto plazo una reducción de los niveles de infección por el VHB y, a largo plazo, podría permitir la eliminación de la hepatitis como enfermedad para el hombre.
Vacuna, dosis y esquema de inmunización: Se empleó la vacuna cubana de subunidades (AgsHB) obtenida mediante la tecnología del ADN recombinante de la firma Heber Biotec (Heberbiovac-HB, CIGB). La dosis empleada fue de 10 µg por inóculo con un esquema de 3 dosis, administradas al nacimiento, al mes y a los 6 meses de nacidos.

prevención del VIH

PREVENCION DEL VIH

Recomiendan Truvada para prevenir el VIH


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Para que la usen personas en alto riesgo de contagio

EE.UU. recomienda que la población en riesgo tome un fármaco para prevenir el VIH.
EE.UU. recomienda que la población en riesgo tome un fármaco para prevenir el VIH.
Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos emitieron nuevas recomendaciones para la prevención del VIH y aconsejaron que la población en alto riesgo de contagio tome el fármaco Truvada para reducir las probabilidades de infectarse.
CDC considera que deberían medicarse para evitar un potencial contagio los homosexuales que practican sexo sin preservativos; los heterosexuales con parejas sexuales en alto riesgo de contraer la enfermedad -como los drogadictos por vía intravenosa-; aquellos que mantienen relaciones sexuales con una persona infectada y todos los que comparten jeringuillas o se drogan por esa vía.
La recomendación del CDC se basa en los avances en la profilaxis pre-exposición (PrEP, por su sigla en inglés) para prevenir el contagio del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), es decir, el uso de un fármaco antes de la exposición al agente infeccioso para evitar su transmisión.
La única pastilla aprobada por las autoridades estadounidenses desde 2012 para este propósito es Truvada, una combinación de los antirretrovirales tenofovir y emtricitabine.
Para lograr una protección completa se debe tomar el medicamento una vez al día, un tratamiento que asciende a un coste anual superior a los 13.000 dólares, aunque lo cubren buena parte de los seguros médicos estadounidenses.
Se considera que este fármaco es relativamente seguro con sólo algunos efectos secundarios, como dolor de cabeza, dolor de estómago y pérdida de peso.
Más graves pero menos frecuentes son otras dolencias asociadas a su ingesta, como daño en el hígado y en el riñón.
Gilead Sciences Inc. es la marca farmacéutica que comercializa Truvada desde 2004 como tratamiento para las personas que ya están infectadas con el virus.
India fabrica versiones genéricas de este medicamento, que se ha convertido en una pieza clave para la lucha contra el sida en los países con menos recursos.
Varios estudios internacionales, entre ellos una amplia investigación de la Universidad de California, San Francisco (UCSF), han demostrado que la profilaxis pre-exposición puede reducir el riesgo de infección en más de un 90 por ciento.
No obstante, las autoridades sanitarias temen que aquellas personas que opten por medicarse dejen de tomar otras precauciones, especialmente el uso de preservativos, que protege no sólo del sida sino también de otras enfermedades de transmisión sexual.
Las nuevas recomendaciones de CDC para el uso de Truvada en pacientes no infectados apelan a más de 500.000 de personas en Estados Unidos consideradas en alto riesgo de contagio.
Actualmente, a unas 10.000 personas se les ha prescrito la toma de este fármaco para prevenir el sida.
Desde hace una década el número de personas contagiadas con VIH en Estados Unidos apenas ha variado, unas 50.000 al año, a pesar de los esfuerzos de las autoridades por concienciar a la población del uso de preservativos para prevenir el sida.
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martes, 13 de mayo de 2014

Cuidado: síntomas de la Hepatitis B son similares a los del resfrío y el...

BIOMEDICINA Y SALUD: Descritos dos nuevos genes implicados en el cáncer de próstata .



Un estudio de la Universidad de Columbia de Nueva York (EE UU), en colaboración con el Instituto Catalán de Oncología y el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (ICO-IDIBELL), ha identificado dos nuevos genes que conducen a formas más agresivas de cáncer de próstata.
La nueva investigación describe dos genes, el FOXM1 y el CENPF, que si se activan de manera anómala a la vez, conducen a formas más agresivas y potencialmente letales del cáncer de próstata.
Una de las novedades del trabajo es que se han utilizado algoritmos informáticos para generar redes de las interacciones entre las moléculas que se forman específicamente en el cáncer de próstata.
Se han utilizado algoritmos informáticos para generar redes de las interacciones entre las moléculas que se forman específicamente en el cáncer de próstata
Actualmente se han puesto en marcha estudios preclínicos para determinar qué tratamientos o combinaciones de fármacos son más eficaces para combatir la activación anómala de los genes FOXM1 y CENPF. Asimismo, en un futuro cercano, identificar la presencia o no de estos biomarcadores en un paciente concreto permitirá ofrecer un tratamiento individualizado, más eficaz y con menos efectos secundarios.




                                                              BIOMEDICINA Y SALUD: Otras especialidades médicas.
                                                                                           

lunes, 12 de mayo de 2014

Adherencia al tratamiento en niños con vih Artículos

Barreras para la adherencia
Adherencia al tratamiento en niños con VIH
Análisis de los obstáculos para la adherencia al tratamiento en niños con HIV.


13 AGO 12 | Barreras para la adherencia
Adherencia al tratamiento en niños con VIH
Análisis de los obstáculos para la adherencia al tratamiento en niños con HIV.

Dres. Ashley L. Buchanan, Grace Montepiedra, Patricia A. Sirois, Betsy Kammerer, Patricia A. Garvie, Deborah S. Storm and Sharon L. Nichols
Pediatrics 2012; 129; e1244

La terapia antirretroviral (TAR), específicamente la terapia antirretroviral altamente activa (conocida como HAART), ha permitido que los niños y los jóvenes con VIH prolonguen bien su sobrevida hasta la edad adulta; sin embargo, la falta de adherencia a la terapia antirretroviral se asocia con  progresión de la enfermedad y desarrollo de cepas resistentes que son insensibles a las medicaciones antirretrovirales disponibles. Es necesario al menos un 95% de adhesión para lograr los mejores resultados terapéuticos en adultos; dicho valor es significativamente mayor que las tasas de adhesión necesarias para el manejo efectivo de muchas otras condiciones médicas crónicas. A menudo, los regímenes de TAR son complicados, involucrando instrucciones de dosis y toxicidades especiales. Los jóvenes con VIH se enfrentan a diferentes barreras para la adherencia que los adultos, debido a diversos factores como por ejemplo el rol del cuidador, la edad del niño y su conocimiento del estado de VIH, y la transición a través de la adolescencia hasta la edad adulta.

La Investigación para la Excelencia en el Cuidado y la Salud de Adolescentes, un estudio observacional que incluyó a adolescentes infectados con el VIH por conductas de alto riesgo, reportó que sólo el 28.3% era constante en su adhesión al régimen HAART, mientras que otros ensayos clínicos sobre TARs en niños y adolescentes reportaron un cumplimiento tan alto como del 70%. No obstante, la adhesión de los jóvenes está por debajo de los niveles recomendados para mantener el control virológico. Por lo tanto, los proveedores de atención médica necesitan apreciar las barreras para la adherencia a la TAR en niños y jóvenes con VIH adquirido por vía perinatal.

Pocos estudios han examinado barreras específicas para la adherencia reportadas por los niños con VIH adquirido perinatalmente y sus cuidadores. En un estudio de adultos, las razones más comunes para la no adherencia incluyeron no querer recordar ser portador de VIH, no querer que otros noten la enfermedad, y olvidar preguntarles a los proveedores de la salud cuestiones sobre el régimen de tratamiento. El estudio de Investigación para la Excelencia en el Cuidado y la Salud de Adolescentes halló que los principales obstáculos para la adhesión de los adolescentes con VIH fueron los efectos adversos relacionados con los medicamentos y las rutinas diarias complicadas.

Los datos del estudio multicéntrico observacional P1042S del Grupo de Estudios Clínicos sobre SIDA Pediátrico (Pediatric AIDS  Clinical  Trials Group, PACTG), mostraron que la confirmación de incluso un solo obstáculo para la adherencia por parte del niño o del cuidador se asoció con una mayor carga viral en el niño. Luego del ajuste por la edad del niño al inicio del estudio, el tipo de cuidador principal y el conocimiento del niño sobre su estado serológico, el informe de los cuidadores sobre la ausencia de barreras se asoció significativamente con una menor carga viral. En el reporte se observó un acuerdo significativo entre niños, cuidadores y evaluadores en la presencia de al menos 1 barrera para la adherencia, contrario a un informe previo de baja coincidencia niño-cuidador sobre la adhesión al tratamiento, particularmente cuando los jóvenes eran de mayor edad y asumían más responsabilidad con respecto a sus medicaciones. Otro estudio halló que el acuerdo con respecto a la responsabilidad sobre los medicamentos entre el niño y el cuidador predijo una mejor adherencia.

Los niños más pequeños típicamente asumen una menor responsabilidad que los niños mayores para la toma de la medicación y pueden no saber de su diagnóstico de VIH. Por muchas razones, incluyendo la divulgación del estado de VIH de la madre biológica, el estigma, el impacto emocional, y/o la discriminación, los cuidadores pueden esperar hasta la adolescencia temprana para informarle al niño sobre su estado de VIH, lo que puede afectar negativamente la adhesión a la TAR. Cuando los niños entran en la adolescencia, frecuentemente asumen una mayor responsabilidad en la administración de sus medicamentos, con una reducción del papel del cuidador principal.

El reporte de los cuidadores de una mayor responsabilidad de los jóvenes se ha asociado con una pobre adherencia más pobre, lo que sugiere que la transición de la responsabilidad no siempre es exitosa y refleja la necesidad de comprender mejor y facilitar este proceso. El conocimiento acerca de las barreras para la adherencia a los fármacos antirretrovirales (ARV), según lo informado independientemente por niños y cuidadores, puede ayudar a aclarar los factores que contribuyen a dificultar la transición de la responsabilidad e informar posibles intervenciones para mejorar la adherencia a la TAR. Este artículo examina las coincidencias entre las percepciones de niños y cuidadores sobre las barreras individuales para la adherencia y las asociaciones de estas barreras con el régimen de TAR, la responsabilidad sobre la medicación, el conocimiento del estado de VIH, el tipo de cuidador, y la edad del niño.

Métodos

El PACTG P1042S es un subestudio longitudinal del PACTG P219C, un estudio de cohorte multicéntrico que dio seguimiento a niños infectados y no infectados por el VIH, expuestos al VIH perinatalmente en los Estados Unidos de septiembre del 2000 a mayo del 2007. Para el P1042S, 159 niños y adolescentes infectados perinatalmente (de 8 a < 19 años de edad), fueron seleccionados al azar de los participantes del P219C que fueron prescriptos con TAR, cuyo idioma principal era el inglés o el español, y que habían completado por lo menos una evaluación neurocognitiva del P219C.

El objetivo principal del P1042S fue examinar las relaciones cognitivas y conductuales de la adherencia al tratamiento antirretroviral, evaluando las medidas de adhesión por el recuento de comprimidos y por el autorreporte de niños/adolescentes y padres/cuidadores. Los datos recolectados al inicio incluyeron barreras para la adherencia a la medicación (reportes de niños y cuidadores), datos demográficos, y marcadores relevantes del estado de salud del niño reunidos en el P219C. Se utilizó la clasificación clínica de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades para la presencia de cualquier diagnóstico sintomático severo en niños < de 13 años de edad, y la definición de caso por vigilancia de condiciones que definen al SIDA para adolescentes ≥ 13 años.

Cuestionarios P1042S para niños/adolescentes y para padres/cuidadores

Las barreras reportadas se obtuvieron a partir de los cuestionarios P1042S para niños/adolescentes y padres/cuidadores. Los niños y cuidadores realizaron los cuestionarios de forma independiente, a partir de los cuales se recogieron datos sobre la adherencia a la medicación, los obstáculos para la adhesión, y la responsabilidad sobre las tareas de cuidado de la salud. La intervención del entrevistador se produjo sólo cuando los participantes tenían dificultades para completar el cuestionario de forma independiente. El VIH se mencionó sólo en el cuestionario del padre/cuidador, lo que permitió que participen los niños que no conocían su estado de VIH. Ambos cuestionarios consistieron en puntos sobre alrededor de 19 barreras diferentes para la adherencia al régimen de TAR del niño, preguntándole al encuestado con qué frecuencia se produjo cada barrera en el mes previo. Las barreras se clasificaron como logística, de régimen, del niño, de divulgación y emocional (ver Tabla 1 al final del texto).

Los cuestionarios también incluyeron un punto adicional, una adaptación estudio específica del Cuestionario de Responsabilidad Familiar en la Diabetes para determinar quién asumía la principal responsabilidad en las tareas del cuidado de la salud, tales como recordar cuando tomar los medicamentos y solicitar las recetas cuando fuera necesario. El grado de responsabilidad sobre la medicación se obtuvo promediando las respuestas codificadas sobre los 4 ítems de tareas relacionadas con la medicación. El reporte de los cuidadores sobre la responsabilidad de la medicación se utilizó para los análisis publicados en este trabajo debido a su previa correlación significativa con la adherencia.

Métodos estadísticos

Se dicotomizaron las respuestas, definiendo que ocurrió una barrera el mes previo si el encuestado indicaba "a veces", "frecuentemente", o "mayormente o siempre"; se consideró como ausente cuando indicaba "rara vez o nunca". La frecuencia de los obstáculos reportados se comparó con los grupos de edad, de responsabilidad sobre la medicación, y de conocimiento del estado serológico utilizando la prueba exacta de Fisher. La consistencia de las respuestas del cuidador y del niño dentro de cada tipo de barrera se evaluó utilizando Cronbach`s α. La coincidencia entre los participantes (entre el niño y el cuidador) se midió a través del índice kappa y se evaluó por separado para los grupos de edad, de responsabilidad sobre la medicación y de conocimiento del estado de VIH. Debido a las diferencias en los cuestionarios respectivos de niños y cuidadores, la coincidencia en los puntos "dormido al momento de la dosis" y "Me sentí deprimido" no fue evaluada. Las diferencias en la frecuencia de las barreras reportadas entre el niño y el cuidador se evaluaron con la prueba de McNemar.

Se utilizó regresión logística múltiple para evaluar las asociaciones de las barreras reportadas con el conocimiento del estado serológico, la responsabilidad sobre la medicación (cuidador principal no totalmente responsable vs. cuidador principal totalmente responsable), el tipo de cuidador (padre biológico vs. otros), la edad del niño (< 12 vs. ≥ 12 años), y el régimen de ARVs (HAART con un inhibidor de proteasa [IP], HAART sin IP, o ARV no HAART). (Se utilizó regresión logística exacta para las barreras logísticas). Los obstáculos reportados por los niños y los obstáculos reportados por los cuidadores fueron modelados por separado. Todos los análisis estadísticos fueron de dos caras, realizados con un nivel de significación de 0,05, y llevados a cabo mediante el uso de SAS versión 9.

Resultados

Características de los participantes

Para el P1042S, 159 niños y jóvenes infectados por vía perinatal fueron seleccionados al azar de los participantes potencialmente elegibles del P219C y que aceptaron participar. Entre los inscriptos, 151 se consideraron evaluables. Ocho de ellos fueron considerados no evaluables debido a la descalificación de su elegibilidad después del ingreso (n = 4), por la revocación del consentimiento antes de completar el estudio (n = 2), la pérdida de consultas clínicas o del estudio (n = 1), y el error de randomización (n = 1; se obtuvo consentimiento para la extracción de datos del P219C pero no para la recolección de datos del P1042S). Las descalificaciones de la elegibilidad consistieron en estar fuera de la ventana requerida  para las pruebas del 219CNP, no estar en tratamiento antirretroviral, e interrumpir el estudio 219C. De los 151, 120 díadas niño/cuidador presentaron datos completos sobre barreras para la adherencia.

Los niños participantes eran principalmente afroamericanos (55%) o hispanos (28%), 54% eran varones, y la edad media al momento del enrolamiento fue de 12,8 años (DE = 2,39; rango de 8 a 18 años, mediana = 12,35, rango intercuartílico = 3,63). Cuarenta y ocho niños (40%) eran menores de 12 años de edad y los restantes de entre 12 y 18 años de edad. Al inicio del estudio, 34% tenían una clasificación previa clase C de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades; la media del %CD4 fue del 29,2% (rango de 2% a  54%), la carga viral media fue de 2,9log10 copias/ml (rango 1,1 a 5,9 log10 copias/ml); y 40% tenían carga viral detectable (> 400 copias / ml). La mayoría de los jóvenes tenía conocimiento sobre su estado de VIH (76%) y hablaba inglés como lengua madre (87%). El 26% de los jóvenes había repetido de grado en la escuela, y el 40% había requerido asistencia especial o clases de educación especial.

Al inicio del estudio, la mayoría de los jóvenes estaban en HAART (93%). La distribución de los regímenes de TAR fue la siguiente: un inhibidor nucleósido de la transcriptasa reversa (INTR) y un IP (56%); un inhibidor no nucleósido de la transcriptasa reversa (INNTR), un INTR, y un IP (19%), un INNRT y un INTR (17%), y regímenes diferentes (8%). La mayoría estaba con un régimen que contenía IP (77%) y tomaba medicamentos dos veces al día (94%).

De las 120 díadas, 66 niños (55%) y 73 cuidadores (61%) informaron que el niño había pasado por alto una dosis en el mes anterior. De los niños con datos disponibles sobre el recuento de comprimidos (n = 96), 49% fueron considerados no adherentes (consumo menor al 90% de los medicamentos recetados).
Menos de la mitad (42%) de los jóvenes tenía a su padre biológico como cuidador principal.  Dos tercios de los cuidadores primarios (68%) habían completado la educación escolar superior o más. Para los jóvenes en los que se evaluó el grado de responsabilidad de los cuidadores sobre la medicación (n = 119), 62 (52%) tenían un cuidador totalmente responsable de los medicamentos, 43 (36%) compartían su responsabilidad con los padres/cuidadores, y 14 (12%) eran completamente responsables de sus medicamentos.

Barreras para la adherencia

Las cuestiones logísticas fueron el tipo de barrera más común citada tanto por los niños (62%) como por los cuidadores (47%). Los niños citaron con mayor frecuencia problemas relacionados con el régimen (29%) y cuestiones relacionadas con la infancia (33%), en comparación con los cuidadores que mencionaron problemas con el régimen (13%) y cuestiones relacionadas con la infancia (25%) con menos frecuencia.

El problema logístico más comúnmente citado fue "el niño se olvidó de tomar la medicación". Otras barreras frecuentes reportadas por niños/adolescentes fueron de naturaleza logística e incluyeron "dormido al momento de la dosis" (28%), "fuera del hogar" (23%), "ocupado con otras cosas" (22%), y "falta de renovación de la receta" (21%). Las barreras adicionales frecuentes reportadas por los cuidadores fueron logísticas o relacionadas con el niño, incluyendo "cambio en la rutina diaria" (18%), "niño fuera del hogar" (17%), "el niño se negó" (12%), "el niño se sentía bien" (11%), y "ocupado con otras cosas" (11%).

Tanto los niños y sus cuidadores fueron coherentes en sus respuestas a las diferentes barreras logísticas (Cronbach’s α: 0,84 y 0,74, respectivamente). Las respuestas de los niños a las diferentes barreras de régimen también fueron consistentes (Cronbach’s α = 0,80); sin embargo, las respuestas de los niños y de los cuidadores dentro de los otros tipos de barreras no fueron consistentes.

Coincidencia entre el reporte del niño y del cuidador

Los niños reportaron con mayor frecuencia que los cuidadores tener al menos una barrera para la adherencia al tratamiento (P = 0,008). Hubo poco o ningún acuerdo entre los niños y los cuidadores  para más de la mitad (63%) de las 19 barreras (k < 0,2). Hubo un acuerdo significativo entre el reporte del niño y el cuidador en las siguientes barreras: "se olvidó" (k = 0,41;  < 0,001), "me/le disgusta, no se puede tragar" (k = 0,44, P < 0.001), "el niño estaba fuera del hogar" (k = 0,38, P < 0.001), "el niño se negó" (k = 0,26, P = 0.01), y "el niño se sentía bien "(k = 0,24, P = 0,02). Hubo un acuerdo significativo pero débil para la barrera “el niño/cuidador estaba ocupado con otras cosas" (k = 0,19; P = 0,03). Los niños y cuidadores tendieron a coincidir en el tipo de barrera, pero no en las barreras específicas dentro de un tipo.

Cuando la muestra se estratificó por edad, responsabilidad sobre la medicación, o conocimiento del estado de VIH, los resultados coincidentes para algunos estratos difirieron de los de toda la muestra. Para los niños más pequeños (8 a 12 años de edad), hubo un acuerdo significativo y moderado en el barrera "ocupado con otras cosas" (k = 0,33, P = 0.05) y no hubo un acuerdo significativo en la barrera "el niño se sentía bien". Para los niños mayores (12 a 18 años de edad), no se halló un acuerdo significativo en las barreras "no puede retener la medicación", "el niño se negó" y "ocupado con otras cosas”.

Entre las díadas en las que el cuidador no era plenamente responsable de la medicación, hubo un acuerdo significativo en la barrera "falta de renovación de la receta" (k = 0,46, P = 0,003), pero no se halló un acuerdo significativo en las barreras "no puede retener la medicación", "el niño se negó", "el niño se sentía bien" y "ocupado con otras cosas". Entre las díadas donde el cuidador era totalmente responsable, los autores hallaron un acuerdo significativo en las barreras "dificultades para la ingesta directa" y "niño preocupado de que otros sepan del tratamiento" (k =0,30, P = 0.02 y k = 0,41, P = 0,008, respectivamente), pero no encontraron un acuerdo significativo en las barreras "niño fuera del hogar", "el niño se sentía bien" y "ocupado con otras cosas".

Los niños que desconocían su estado serológico tuvieron un acuerdo significativo en las barreras "niño preocupado de que otros sepan del tratamiento"(k = 1, P = 0,003) pero no tuvieron un acuerdo significativo en las barreras "se olvidó" "el niño se negó" y "ocupado con otras cosas”. Los niños que conocían su estado de VIH no tuvieron un acuerdo significativo para la barrera "ocupado con otras cosas".


Correlaciones de las barreras para la adherencia reportadas por los niños

Los niños mayores reportaron la barrera "Mé olvidé (de tomar la medicación)" con más frecuencia que los niños más pequeños (49% vs 29%, P = 0,04). Los niños que compartían la responsabilidad de la medicación reportaron "me olvidé" y "ocupado con otras cosas" más frecuentemente que los niños cuyo cuidador era plenamente responsable (58% vs 26%, P < 0,001 y 30% vs 15%, P = 0,05, respectivamente). Los niños que conocían su estado serológico reportaron la barrera "me olvidé" y " dormido al momento de la dosis " más frecuentemente que los niños que lo desconocían (48% vs 18%, P = 0,004 y 35% vs. 11%, P = 0,02).

Después de ajustar por la edad del niño, el tipo de cuidador, y la responsabilidad sobre la medicación, los niños que conocían su estado de VIH tuvieron una probabilidad 3 veces mayor de reportar una barrera logística (P = 0,01). Los niños con un padre biológico como su principal cuidador tuvieron el doble de probabilidades de presentar una barrera de régimen (P = 0,05), una probabilidad 8 veces mayor de reportar divulgación como una barrera (P = 0,001), y una probabilidad 4 veces mayor de reportar depresión como una barrera (P = 0,05).

Correlaciones de las barreras para la adherencia reportadas por los cuidadores

Los cuidadores que compartían la responsabilidad reportaron "me olvidé" con más frecuencia que las díadas donde el cuidador era totalmente responsable (47% vs 21%, P = 0,003). Del mismo modo, los cuidadores de niños que conocían su estado de VIH reportaron la barrera "olvido (de la toma)" más frecuentemente que los de aquellos que no conocían su estado (42% vs 11%, P = 0,003). En los modelos de regresión logística múltiple, la responsabilidad sobre la medicación, el conocimiento del estado de VIH, la edad del niño y el tipo de cuidador no se asociaron significativamente con cualquiera de los tipos de barrera reportados por los cuidadores. De manera similar, el tipo de régimen ARV no se asoció significativamente con el informe del cuidador de una barrera de régimen.

Discusión

Farley y colegas hallaron un acuerdo significativo entre participantes para el reporte de por lo menos una barrera para la adherencia, utilizando los datos de la misma cohorte de niños analizada en este trabajo. En el presente análisis, los autores observaron más profundamente los obstáculos para la adherencia mediante la evaluación del acuerdo entre participantes con respecto a cada barrera y con respecto a los diferentes tipos de barrera. Si tanto el niño como el cuidador informaron de una barrera para la toma de la medicación, es más probable que esa barrera exista realmente o que el niño y el cuidador compartan percepciones acerca de las dificultades inherentes al mantenimiento de la adherencia diaria a un régimen de medicación complejo.

Existen muchas barreras para la adherencia al tratamiento del VIH, y los niños/adolescentes y sus cuidadores no las perciben de forma constante. Olvidarse de tomar la medicación fue la barrera más comúnmente reportada para la adherencia al TAR (41% para los niños; 33% para los cuidadores). En un meta-análisis del 2006 de 18 estudios de adherencia al HAART, que incluyó niños y adultos, sólo olvidar tomar la medicación fue reportado frecuentemente como una barrera (37%). Los proveedores del cuidado de la salud deben trabajar con las familias para encontrar el régimen más aceptable/tolerable para el niño (es decir, formulación, gusto, tamaño y número de los comprimidos), desarrollar esquemas dosis-tiempo apropiados (es decir, vinculados a las actividades cotidianas reales y a los momentos del día), e incorporar recordatorios de medicamentos y apoyos sociales.

Tanto los niños como los cuidadores fueron consistentes en sus respuestas a las preguntas acerca de las barreras logísticas. Los niños que reportan algunas de las barreras logísticas en realidad pueden estar lidiando con una serie de otros problemas importantes de la vida hogareña. Estos niños a menudo se enfrentan a una multitud de factores estresantes en la vida, como la pobreza, la inestabilidad familiar, y el tránsito a través múltiples residencias, lo que puede impedir el acceso y la adherencia al TAR. Las circunstancias que rodean al niño deben ser evaluadas en su totalidad, y deben ponerse en marcha los apoyos necesarios, como sea posible.

La negativa del niño fue una barrera frecuentemente citada, al igual que el informe del niño de sus  preocupaciones acerca de la divulgación. Estos resultados destacan la importancia de la integración de los servicios de salud mental en coordinación con los centros de atención de pacientes con VIH. La incorporación de estos servicios con los de cuidado del niño con VIH podría facilitar la mejor comprensión de las necesidades de salud mental del niño y las percepciones de su enfermedad por el cuidador y el profesional.

La falta de acuerdo observada para varias barreras sugiere que los cuidadores y los niños tienen diferentes percepciones de los factores que afectan a la adherencia. Este descubrimiento resalta la utilidad de hablar con los jóvenes y los cuidadores, por separado si es necesario, en el control clínico de rutina. Por ejemplo, cuando los niños son considerados por sus padres o cuidadores como preparados para asumir mayor responsabilidad en la toma de su propia medicación, el niño y el cuidador pueden participar juntos en un entrenamiento que no sólo se refiera a la importancia de la adherencia, sino que también dirija el desarrollo de un plan que ellos puedan seguir para alcanzar y mantener la adherencia.

Durante la transición de la responsabilidad, los niños y los cuidadores deberían concurrir regularmente con su médico (s) para controlar la adherencia, discutir su acercamiento a la adherencia, y modificar el plan según sea necesario. Si el niño/adolescente no está preparado para asumir la plena responsabilidad, el apoyo de los cuidadores puede continuar e ir desapareciendo gradualmente hasta que el joven pueda asumir esta responsabilidad de forma independiente.

La falta de acuerdo significativo entre los participantes con respecto a algunas barreras puede atribuirse a la falta de poder estadístico debido a la baja frecuencia de ocurrencia reportada. Los autores deben ser cautelosos en sus interpretaciones sobre la falta de acuerdo significativo con respecto a algunas de estas barreras.
Este estudio no está exento de limitaciones. El cuestionario de los niños no mencionó el estado de VIH o las medicaciones para el VIH, en particular. Para este análisis, las barreras percibidas se asumieron como relacionadas con los fármacos ARVs, pero es posible que los niños se refirieran a otros medicamentos. Debido a que este es un análisis secundario, los resultados reportados pueden no tener el poder suficiente dentro de los subgrupos, y por lo tanto, los autores pueden no haber detectado todas las diferencias que puedan ser de valor clínico. A futuro, se recomienda un análisis con el poder adecuado que también considere la preservación del nivel de significancia general para la hipótesis generada en este documento.

Conclusiones

Aunque se observó un acuerdo moderado entre los participantes para varias barreras de adherencia, se observó falta de acuerdo para más de la mitad, lo que sugiere discrepancias significativas entre las percepciones de niños y cuidadores con respecto a los factores que influyen en la toma de la medicación. Estas discrepancias podrían resultar en un apoyo insuficiente para la adherencia al tratamiento del niño y/o en dificultad para la transición de la responsabilidad de la medicación del cuidador al niño. Por lo tanto, los resultados de este estudio indican la necesidad de intervenciones que involucren tanto al niño como al cuidador para proporcionar apoyo, mantener la adhesión, mejorar la comunicación, y lograr la transición de la responsabilidad de una manera apropiada. Estos resultados también sugieren que los profesionales deben evaluar explícitamente las percepciones tanto de los niños como de los cuidadores con respecto a las barreras para la adherencia, animar a los cuidadores para discutir las barreras con sus hijos y desarrollar un plan colaborativo juntos para hacerles frente.




Comentario: Actualmente, el VIH se ha convertido en una enfermedad crónica en un gran porcentaje de casos debido a la efectividad del tratamiento antirretroviral. Los pacientes pediátricos con VIH adquirido perinatalmente suelen tener una sobrevida prolongada si cuentan con un tratamiento antirretroviral y con controles clínicos adecuados. Sin embargo, existen muchas barreras que dificultan la adherencia al tratamiento, que sumadas a factores familiares, sociales y de cuidado de la salud pueden influir negativamente en la vida del niño.

Este trabajo aporta datos importantes sobre las percepciones de niños y cuidadores con respecto a las barreras para la adherencia al tratamiento, y destaca la importancia de implementar estrategias para proporcionar asistencia y contención a estos pacientes y sus familias, para reconocer y modificar los obstáculos para la adherencia al tratamiento, y para lograr la transición de la responsabilidad sobre la medicación de una forma gradual y apropiada.

Resumen y comentario objetivo: Dra. María Eugenia Noguerol



           

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Papiloma o Condiloma significa protuberancia crónica y son conocidos como verrugas genitales.

Introducción
Hasta hace pocas décadas, el origen viral de algunas enfermedades era desconocido e incluso la presencia de los virus se consideraba de poca importancia. Sin embargo, en la actualidad con el avance de la genética la importancia de los virus ha cobrado importancia al descubrirse que pueden formar parte fundamental en el origen de algunas formas de cáncer, entre estos el más estudiado hasta el momento es el Virus del Papiloma Humano ya que su presencia se ha asociado con el cáncer del cuello del útero.

Definición

Papiloma o Condiloma significa protuberancia crónica y son conocidos como verrugas genitales. El virus del papiloma humano (VPH) se llama vulgarmente "virus de las verrugas". Se trata de una de las enfermedades de transmisión sexual más comunes y, paradójicamente, una de las menos conocidas. Y es que el VPH puede alojarse en el organismo sin mayor ruido y cuando llega es para quedarse de por vida.

El virus del papiloma humano es un grupo grande de virus de los cuales se han identificado más de 100 tipos, de éstos cerca de 40 son transmitidos sexualmente e infectan el aparato genital masculino y femenino. El virus del Papiloma Humano produce infecciones de piel y afecta también las mucosas del tracto anogenital, oral (boca y garganta) y respiratorio.

En la piel, las lesiones más frecuentes son las verrugas cutáneas, también llamadas verrugas vulgares y las verrugas plantares que son lesiones en las plantas de los pies a menudo dolorosas.

Las lesiones anogenitales incluyen verrugas que aparecen en o alrededor de los genitales y el ano, tanto de los hombres como de las mujeres. Las verrugas genitales son técnicamente conocidas como condilomas acuminados o verrugas venéreas y están generalmente asociadas con dos tipos de virus de papiloma humano, el número 16 y número 11. El virus de papiloma humano también puede causar crecimientos planos anormales en el área genital (vagina, uretra y ano) y en el cuello del útero (la parte más baja del útero que se extiende a la vagina). La evolución de las lesiones es imprevisible: pueden desaparecer, crecer o permanecer estables.

Estas verrugas varían en apariencia en el varón y mujer. Un estudio científico demuestra que en las mujeres con la infección por VPH, el 69 % de los varones con los que tienen relaciones sexuales presentan lesiones asintomáticas en el pene que pueden detectarse mediante colposcopía del pene. Por tanto, el varón es un reservorio que disemina la enfermedad ya que es un portador sin lesiones visibles.

Aunque la infección es provocada por los mismos tipos de virus en el varón y la mujer, las lesiones difieren clínica e histológicamente:

Mujer: Blandas. De color gris o rosa, pedunculadas y suelen encontrarse en racimos. Las zonas más afectadas son la vulva, la pared vaginal, el cuello uterino (son causantes de cáncer), la piel de alrededor de la zona genital (periné) y el ano

Varón: Blandas. Las presentes en el pene suelen ser lisas y papulares. Mientras que las del perineo asemejan a una coliflor. A menudo, aparecen primero en el prepucio (tejido que cubre el pene) y el glande, y luego en el escroto (piel externa de los testículos) y la región perianal.

En la boca y en la garganta, el VPH produce el papiloma oral y el papiloma laríngeo. También puede haber el papiloma de la conjuntiva del ojo y el papiloma nasal.

El virus de Papiloma Humano y el riesgo de cáncer

El virus de papiloma humano ahora se conoce como la causa mayor de cáncer del cuello del útero Algunos tipos de virus de papiloma humano se conocen como virus de "bajo riesgo" porque raramente se convierten en cáncer; pero hay otros que pueden llevar al desarrollo de cáncer y estos se conocen como de "alto riesgo" o "asociados con el cáncer".

Ambos tipos de virus de papiloma humano, los asociados con el cáncer y los de bajo riesgo, pueden causar el crecimiento de células anormales en el cuello del útero, pero generalmente sólo los tipos de virus de papiloma humano asociados con el cáncer pueden llevar al desarrollo del cáncer del cuello del útero.

Las células cervicales anormales pueden detectarse cuando se realiza la prueba Pap, o Papanicolao, durante un examen ginecológico.

Factores de riesgo

Se denomina factor de riesgo a aquél factor asociado con el riesgo de desarrollo de una enfermedad pero que no es suficiente pera causarla. Es necesaria la presencia de otros factores asociados para causar la enfermedad.

En el caso del VPH, los factores de riesgo pueden ser:

Inicio de vida sexual activa a temprana edad (antes de los 20 años).

Adolescentes con vida sexual activa

Gran número de compañeros sexuales

Enfermedades de transmisión sexual o inflamación del cuello del útero persistente o recurrente.

Virus de inmunodeficiencia (VIH Sida) el cual se asocia tanto a que prevalezca la infección por VPH como a que ésta progrese a lesiones malignas.
Como vimos anteriormente, solo una pequeña parte de las infecciones crónicas por VPH evolucionan a cáncer del cuello uterino. Se han encontrado algunos factores de riesgo que son determinantes para que se dé esta evolución:

Conducta sexual: se considera el principal factor de riesgo. El inicio precoz de las relaciones sexuales y el número de compañeros sexuales, aumentan el riesgo.

Consumo de tabaco: las mujeres fumadoras tienen mayor riesgo de padecer cáncer de cuello uterino.

Se ha demostrado que en el moco cervical hay una concentración elevada de sustancias provenientes del tabaco.

Mujeres con alto número de embarazos: los cambios hormonales que ocurren durante el embarazo favorecen el desarrollo de las infecciones de VPH.

Sistema inmunológico deprimido: factores genéticos, enfermedades como el SIDA, medicamentos, drogas, etc. que provocan una disminución en el sistema inmunológico de la persona, predispone al desarrollo de cáncer ante la presencia de la infección por VPH en cuello uterino y anogenitales.

Uso prolongado de anticonceptivos: se ha vinculado con la persistencia de infecciones por VPH. Se estima que las mujeres que utilizan anticonceptivos por más de cinco años, duplican el riesgo de contraer cáncer cervicouterino.

Mala o deficiente nutrición: se considera que una dieta baja en antioxidantes, ácido fólico y vitamina C, favorece la persistencia de la infección por VPH y la evolución de las lesiones a cáncer cervicouterino.


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Noticias médicas : Informe de la OMS Infecciones de transmisión sexual


29 MAY 13 | Informe de la OMS
Infecciones de transmisión sexual
Cada año se producen 448 millones de nuevos casos de infecciones de transmisión sexual (ITS) curables (sífilis, gonorrea, clamidiasis y tricomoniasis).

OMS

Datos y cifras
Algunas ITS son asintomáticas.
 
En embarazadas con sífilis temprana no tratada el 25% de los embarazos acaban en muerte fetal y el 14% en muerte neonatal.
 
Las ITS son la principal causa prevenible de infertilidad, sobre todo en la mujer.
 
La OMS recomienda un enfoque sindrómico del diagnóstico y el tratamiento de las ITS.
Un problema de salud pública
 
Según estimaciones hechas por la OMS en 2005, cada año se producen en el mundo 448 millones de nuevos casos de ITS curables (sífilis, gonorrea, clamidiasis y tricomoniasis) en adultos de 15 a 49 años. En esta cifra no se incluyen las infecciones por el VIH y otras ITS que siguen afectando la vida de las personas y las comunidades en todo el mundo. En los países en desarrollo, las ITS y sus complicaciones se encuentran entre las cinco primeras categorías de enfermedades que llevan a los adultos a buscar asistencia sanitaria.
 
Infecciones y transmisión
 
Las ITS son infecciones que se propagan principalmente de persona a persona a través de contactos sexuales. Hay más de 30 bacterias, virus y parásitos diferentes transmisibles por vía sexual. Algunos, en particular el VIH y los treponemas causantes de la sífilis, también se pueden transmitir de la madre al hijo durante el embarazo y el parto, así como a través de las transfusiones de productos sanguíneos y los trasplantes de tejidos.
 
Las ITS son causadas por bacterias, virus y parásitos. A continuación figuran algunos de los microorganismos más frecuentes y, entre paréntesis, las enfermedades que causan.
 
Bacterias
Neisseria gonorrhoeae (gonorrea o infección gonocócica);
Chlamydia trachomatis (clamidiasis);
Treponema pallidum (sífilis);
Haemophilus ducreyi (chancroide);
Klebsiella granulomatis (antes llamada Calymmatobacterium granulomatis, (granuloma inguinal o donovanosis).

Virus
Virus de la inmunodeficiencia humana (sida);
Virus del herpes simple de tipo 2 (herpes genital) ;
Papilomavirus humanos (verrugas genitales y, en el caso de algunos tipos de estos virus, cáncer del cuello del útero en la mujer);
Virus de la hepatitis B (hepatitis, que en los casos crónicos puede ocasionar cáncer de hígado);
Citomegalovirus (inflamación de diferentes órganos, como el cerebro, los ojos y los intestinos).

Parásitos
Trichomonas vaginalis (tricomoniasis vaginal);
Candida albicans (vulvovaginitis en la mujer y balanopostitis [inflamación del glande y el prepucio] en el hombre).
ITS asintomáticas
 
Algunas ITS son asintomáticas. Así, por ejemplo, hasta un 70% de las mujeres y una importante proporción de hombres con infecciones gonocócicas o clamidiales no presentan ningún síntoma. Tanto las infecciones sintomáticas como las asintomáticas pueden producir complicaciones graves que se comentan más adelante.
 
Efectos negativos de las ITS en la salud de la mujer
 
Las ITS no tratadas tienen repercusiones muy importantes en la salud reproductiva, materna y neonatal. Las ITS son la principal causa prevenible de infertilidad, sobre todo en la mujer.
 
Por ejemplo, un 10 a 40% de las mujeres con infecciones clamidiales no tratadas acaban presentando enfermedad inflamatoria pélvica (EIP) sintomática. El daño de las trompas por la infección es responsable del 30 a 40% de los casos de infertilidad femenina. Además, la probabilidad de tener embarazos ectópicos (tubáricos) es 6 a 10 veces mayor en las mujeres que han sufrido EIP que en las que no la han sufrido, y un 40 a 50% de los embarazos ectópicos pueden atribuirse a episodios anteriores de EIP.
 
La infección por algunos tipos de papilomavirus humanos puede llevar a la aparición de cánceres genitales, en particular del cuello uterino en la mujer.
 
Efectos negativos de las ITS en el desenlace del embarazo
 
Las ITS no tratadas se asocian a infecciones congénitas y perinatales en los recién nacidos, sobre todo en regiones en las que las tasas de infección siguen siendo elevadas.
 
En mujeres con sífilis temprana no tratada el 25% de los embarazos acaban en muerte fetal y el 14% en muerte neonatal, lo cual representa una mortalidad perinatal general de aproximadamente un 40%.
 
En mujeres con infecciones gonocócicas no tratadas, los abortos espontáneos y los partos prematuros pueden llegar al 35%, y las muertes perinatales al 10%. En ausencia de profilaxis, un 30 a 50% de los lactantes cuyas madres tenían gonorrea no tratada y hasta un 30% de aquellos cuyas madres tenían infecciones clamidiales no tratadas contraen infecciones oculares graves (oftalmia neonatal) que pueden ser causa de ceguera si no se tratan rápidamente. En todo el mundo, esta afección causa ceguera a unos 1000-4000 recién nacidos cada año.
 
ITS y VIH
 
La presencia de ITS no tratadas (tanto las que causan úlceras como las que no) puede llegar a multiplicar por 10 el riesgo de adquisición y transmisión del VIH. Por consiguiente, el tratamiento precoz de las ITS es importante para reducir el riesgo de infección por el VIH. El control de las ITS es importante para la prevención de la infección por el VIH, sobre todo en personas con comportamientos sexuales de alto riesgo.
 
Síndromes causados por las ITS
 
Aunque hay muchos patógenos diferentes causantes de ITS, algunas de estas presentan signos (las manifestaciones objetivas que el paciente o el profesional sanitario observan en la exploración) y síntomas (las manifestaciones subjetivas que siente el paciente, como el dolor o la irritación) similares o coincidentes. Algunos de estos signos y síntomas son fácilmente reconocibles y sistemáticos, constituyendo lo que se denomina un síndrome, que señala la presencia de uno o varios patógenos. Por ejemplo, en el hombre, el flujo uretral puede ser causado por la gonorrea aislada, la clamidiasis aislada, o ambas conjuntamente.
 
Los principales síndromes de las ITS frecuentes son:
flujo uretral;
úlceras genitales;
tumefacciones inguinales (bubas);
tumefacción escrotal;
flujo vaginal;
dolor abdominal bajo;
infecciones oculares neonatales (conjuntivitis del recién nacido).
Enfoque sindrómico de la conducta clínica ante las ITS
 
El método tradicional para diagnosticar las ITS son las pruebas de laboratorio, pero a menudo no están disponibles o son demasiado caras. Desde 1990 la OMS recomienda un enfoque sindrómico del diagnóstico y tratamiento de las ITS en pacientes que presenten síntomas y signos que se observen regularmente en algunas ITS.
 
El enfoque sindrómico, en el que se utilizan diagramas de flujo para diagnosticar y tratar las ITS, es más exacto que el diagnóstico basado únicamente en pruebas clínicas, incluso en manos experimentadas. El enfoque sindrómico es un enfoque científico que permite ofrecer un tratamiento accesible, inmediato y eficaz. Además, en algunos síndromes es más costoeficaz que las pruebas de laboratorio.
 
Hay que definir a nivel local los patógenos causantes de un síndrome en particular, y adaptar los diagramas de flujo en consecuencia. Además se deben monitorizar regularmente los microorganismos causantes de cada síndrome para validar las recomendaciones terapéuticas.
 
Prevención
 
El modo más eficaz de evitar las ITS consiste en no tener relaciones sexuales (sean orales, vaginales o anales) o tenerlas únicamente en el ámbito de una pareja a largo plazo, no infectada y mutuamente monógama. Siempre que se utilicen sistemática y correctamente, los preservativos masculinos de látex son muy eficaces para reducir la transmisión del VIH y de otras ITS, tales como la gonorrea, la clamidiasis y la tricomoniasis.
 
Respuesta de la OMS
 
El control de las ITS es una de las prioridades de la OMS. La Asamblea de la Salud aprobó en mayo de 2006 una estrategia mundial de prevención y control de las ITS.
 
Más recientemente, la Estrategia Mundial del Secretario General de las Naciones Unidas para la Salud de la Mujer y el Niño destacó la necesidad de disponer de un paquete completo e integrado de intervenciones y servicios esenciales. La Estrategia insta a los asociados a que velen por que las mujeres y los niños tengan acceso a un paquete universal de beneficios garantizados entre los que se encuentran la información y los servicios de planificación familiar, la atención prenatal, neonatal y posnatal, la atención obstétrica y neonatal de emergencia, y la prevención del VIH y otras ITS. Dicho paquete debería acelerar la respuesta para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio.